Es evidente que vivimos una sociedad descompuesta, corrupta, destruida moralmente y sin las estructuras civiles y culturales mínimas
Resiliencia y lealtad
Es evidente que vivimos una sociedad descompuesta, corrupta, destruida moralmente y sin las estructuras civiles y culturales mínimas
Llevo todo el verano intentando no seguir la información, la actualidad política, la disputa partidaria. He pretendido hacerme un Sánchez y pasar de la realidad, de lo que sufrían en Granada, en Colombia, en Ceuta, y continuar vacando, poniendo las magras al sol, la mente en blanco y el alma en el armario. Pero, siendo un simple 'perrito sin alma' me ha resultado imposible hacerlo.
Es evidente que vivimos una sociedad descompuesta, corrupta, destruida moralmente y sin las estructuras civiles y culturales mínimas, por más que seamos un pueblo hipertitulado, engreído, soberbio e hipócrita.
España era una Nación fuerte, sólida, con valores, formada y que sabía defender lo que le era propio. No sería católica, pero se enorgullecía de enraizar con la cultura cristiana, de ser un pueblo empático, solidario, sincero y honrado, que sabía defender al débil y lo que le pertenecía, por considerar que vivía en la 'madre patria' que había sido grande y poderosa.
Hoy hemos ido perdiendo poco a poco el sentimiento de nación, de pueblo, de patria para aceptar todo tipo de humillaciones y desprecios. Hemos perdido aliados, que no amigos, como Estados Unidos, la Unión Europea, Israel y los países hispanoamericanos democráticos, para acostarnos con Rusia, Irán, Palestina y todas las narcodictaduras del mundo, que, a buen seguro, el día que tengamos que precisar de alianzas que nos ayuden en la defensa propia, no existirán.
Hay quien se queja de que viene la ultraderecha, en la que no hay asesinos, pero nos dirige la izquierda, la ultraizquierda y la extrema izquierda asesina, y nadie se rasga sus vestiduras, pese a que están logrando la eliminación de España como país relevante en el panorama internacional e incluso como país democrático.
A lo largo del verano me he planteado, tras casi 30 años escribiendo en los medios de comunicas e interviniente en radio y televisión, dejar de hacerlo, terminar con ese ladrar en el desierto como perrito sin alma y dar por acallada la voz que clama sin resultado. Unos, los amigos, o te critican o te dan la espalda; los enemigos intentan acabar contigo civilmente; y algunos medios -no, evidentemente, este- te eliminan, te intentan callar, te apartan con bonitas palabras y pocas verdades. Con este panorama, el ladrido se agota, se cansa, llega a plantearse con seriedad olvidarse de ladrar, terminar con el aullido.
Pero cuando contemplas una manifiesta y evidente invasión de tu patria, tu presidente se mantiene de vacaciones dedicando, a su guarda y cuidado, operativos que serían precisos en el lugar de la invasión y no haciendo absolutamente nada, permitiendo que se humille a España, confrontando con Italia y defendiendo al invasor, negando la realidad que tapa con el dedo, mientras los presuntos 'inmigrantes' se dedican a la agresión de los militares, preparando armas explosivas (cocteles molotov), se reúnen frente a los arsenales de la plaza, rodean los acuartelamientos de provisión y provocan a la ciudadanía, a la que acosan, impiden su normal convivencia y lo único que observas es que los políticos del gobierno se dedican, como siempre, a echar la culpa a la ultraderecha, a Estados Unidos, a negar la realidad a la par que insultan como xenófobos, racistas o fascistas a todo aquel que no se toma el soma que ellos preparan. En ese momento entiendes que el perrito no puede callar, que no servirá para nada su ladrar, pero él no se puede estar callado, no puede aceptar la mentira constante que se nos pretende vender.
Tras Sánchez apoyando a Hamas en Palestina frente a Israel, denigrando a Estados Unidos, confrontando con los políticos de inmigración de los socios europeos, dilapidando los fondos europeos en políticas que se han demostrado ineficaces para comprar puestos, la reconstrucción del destrozo será una labor ingente.
Sólo en la organización, preparación y desarrollo de planes de prevención precisaremos mucho tiempo, dinero, esfuerzo y preparación, pues tras un COVID ni antes ni después tenemos un plan de prevención para futuras infecciones; ni tras la DANA se han realizado las actuaciones preventivas para el futuro si volviera la misma; así como tras el volcán de la Palma, se sigue si cubrir las necesidades de los afectados, ni se han preparado un plan de prevención; para comprobar que, en CEUTA, tras los acontecimientos de 2021, no se ha desarrollado ni una sola medida que permita la prevención de los riesgos; y que, tras cada siniestros, se contemple que nuestros dirigentes no hacen nada "si no se les pide", para no hacer nada cuando se les pide y, finalmente, no adoptar medidas de prevención que, de no llevarse a cabo por un empresario, lo llevaría a prisión.
Espero y deseo que las peores sospechas que se están adelantando sobre los planes de no convocatoria electoral o su manipulación con estados de alarma, excepción o sitio, no sean ciertas y que esta etapa negra de una España nuevamente dividida por el interés personal de un personaje protervo, darvo y eristico.
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