"Ser valiente no debe costar": el mensaje contra el bullying que llega a Salamanca

La charla de Juan Carlos López Rodríguez 'Todos contra el bullying' reúne a alumnos de María Auxiliadora y San Juan Bosco para concienciar sobre el acoso escolar

"Ser valiente no debe costar": el mensaje contra el bullying que llega a Salamanca
Juan Carlos López Rodríguez, doctor en Ciencias de la Educación y maestro (Fotos: Arai Santana)
El autor esTeresa Sánchez
Teresa Sánchez
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Una burla que se repite, un compañero al que nadie quiere sentarse al lado o un rumor que corre por los pasillos pueden acabar convirtiendo el día a día de un alumno en una experiencia difícil de soportar. El acoso escolar no siempre empieza con una agresión evidente. A veces se instala poco a poco, ante la mirada de quienes lo presencian y no saben cómo reaccionar. Precisamente por eso, combatir el bullying también significa dejar de mirar hacia otro lado.

Con esta idea como punto de partida, Salamanca ha acogido una nueva edición de la charla 'Todos contra el bullying', organizada por Tribuna Grupo e impartida por Juan Carlos López Rodríguez, doctor en Ciencias de la Educación y maestro. El encuentro, celebrado en el salón de actos de Caja Rural de Salamanca, ha contado con la participación de escolares de los colegios María Auxiliadora y San Juan Bosco, que han podido conocer las distintas formas de acoso y las herramientas para actuar ante ellas.

La sesión ha planteado una cuestión que va más allá de identificar al alumno que agrede y al que sufre las consecuencias: ¿qué responsabilidad tienen quienes ven lo que ocurre? La respuesta del ponente ha sido clara. Los compañeros que observan una situación de acoso también forman parte de ella, ya sea porque se ríen de las burlas, respaldan al agresor, guardan silencio o deciden intervenir para ayudar a la víctima.

Cuándo una broma deja de serlo

Uno de los primeros objetivos de la charla ha sido distinguir el acoso escolar de un conflicto puntual entre compañeros. Para hablar de bullying deben concurrir tres elementos: la intención de hacer daño, la repetición de las conductas y un desequilibrio de poder entre quien agrede y quien lo sufre.

A partir de esta definición, López Rodríguez ha repasado las distintas manifestaciones del acoso. Los insultos, los motes, las amenazas y las burlas son algunas de las formas de violencia verbal. Los golpes, los empujones o los daños en las pertenencias corresponden al acoso físico. También existe el acoso social, que busca aislar a una persona, difundir rumores sobre ella o humillarla delante de los demás, y el de carácter sexual, que incluye comportamientos no consentidos y burlas relacionadas con el cuerpo.

La intención es que los estudiantes aprendan a reconocer estas conductas antes de que se normalicen. Porque lo que para un grupo puede parecer una diversión, para quien lo recibe puede convertirse en una fuente constante de miedo, vergüenza y soledad.

Durante la exposición también se han compartido datos para dimensionar el problema. Las cifras presentadas apuntan a que uno de cada diez niños sufre o ha sufrido acoso escolar y que solo una parte de las víctimas se lo cuenta a sus padres o profesores. La dificultad para pedir ayuda refuerza la importancia de que los adultos y los propios compañeros estén atentos a los cambios de comportamiento y a las señales de aislamiento.

El papel de quienes lo ven

El triángulo formado por el agresor, la víctima y los espectadores ha centrado buena parte de la reflexión. La presión del grupo, la inseguridad o la necesidad de llamar la atención pueden estar detrás de algunas conductas de acoso, pero comprender esos motivos no significa justificarlas. El mensaje dirigido al alumnado ha insistido en que pedir ayuda no es chivarse, sino proteger a alguien que lo está pasando mal. Avisar a un profesor, contárselo a un familiar o acudir a un adulto de confianza son pasos que pueden impedir que la situación continúe.

Tampoco hace falta protagonizar una gran intervención para apoyar a una víctima. Sentarse a su lado, invitarla a acompañarnos o preguntarle si está bien puede ayudar a romper el aislamiento. Cuando intervenir directamente no es seguro, buscar la ayuda de un adulto sigue siendo una forma de actuar.

La charla ha recurrido también a ejemplos y dinámicas para mostrar que las palabras y los actos dejan huella. La metáfora de los clavos, que representa las marcas que permanecen después de una agresión incluso cuando llega una disculpa, invita a pensar en la responsabilidad que implica tratar a los demás con respeto. Pedir perdón es importante, pero también lo es reparar el daño y cambiar de comportamiento.

El acoso también continúa en Internet

Las situaciones de hostigamiento no terminan necesariamente al salir del colegio. Los grupos de WhatsApp, las redes sociales y otros espacios digitales pueden prolongar las agresiones, ampliar su alcance y exponer a la víctima ante un número mucho mayor de personas. Por eso, 'Todos contra el bullying' ha abordado también el ciberacoso, desde los mensajes hirientes y las amenazas hasta la difusión de imágenes privadas o información personal sin consentimiento. La sesión ha puesto el acento en la necesidad de utilizar las redes con responsabilidad y entender que detrás de una pantalla también hay personas que pueden sufrir las consecuencias de lo que se publica o comparte.

Ante un caso de ciberacoso, las recomendaciones pasan por no entrar en provocaciones, bloquear al responsable y guardar pruebas como capturas de pantalla, fechas, fotografías o mensajes. Cuando se difunden imágenes o vídeos de contenido sensible, el Canal Prioritario de la Agencia Española de Protección de Datos permite solicitar su retirada urgente en determinados supuestos.

La prevención exige, además, respetar la intimidad ajena y no contribuir a la difusión de contenidos que puedan humillar o perjudicar a otra persona.

Pedir ayuda es el primer paso

La jornada ha recordado los recursos disponibles para quienes sufren acoso escolar, sus familias y los profesionales educativos. Entre ellos se encuentra el teléfono 900 018 018, gratuito y confidencial, que funciona las 24 horas del día durante todo el año. El servicio ofrece orientación a menores, familiares y docentes, y permite comunicar situaciones que requieren atención. Cuando se detecta un caso, informar al centro educativo y recurrir a los adultos de confianza resulta esencial para activar las medidas de protección necesarias. El silencio puede prolongar el sufrimiento; hablar permite empezar a buscar una solución.

La charla celebrada en Caja Rural de Salamanca deja así una idea dirigida a todos los alumnos, con independencia del papel que hayan tenido en una situación de acoso: quien agrede debe detenerse, quien lo sufre necesita apoyo y quien lo presencia puede contribuir a cambiar lo que está ocurriendo.

Porque un buen colegio no es únicamente el que enseña, sino también el que cuida y protege a sus alumnos. Y para que eso sea posible, la convivencia necesita algo más que normas: requiere empatía, responsabilidad y la decisión de no dejar solo a quien pide ayuda.

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