Es la hora de la exigencia de regeneración

Volvemos a vivir un proceso de subversión, de ruptura, de encanallamiento de las posiciones y de radicalización irracional de una y otra posición

Es la hora de la exigencia de regeneración
Urna electoral. (Foto: Ical)
El autor esEnrique De Santiago
Enrique De Santiago
Lectura estimada: 4 min.

Las diferencias políticas no pueden convertirse en actuaciones carentes del más mínimo respeto a las normas, las formas y los haceres democráticos, que se han perdido en nuestro suelo patrio.

Cuando se afrontó la reforma política que permitiría el proceso constituyente y la democracia en nuestra piel de toro, todo se veía oscuro; cada paso se realizaba con temor, pero con la conciencia clara de hacer lo correcto en beneficio de todos, pues, con las cautelas oportunas, se avanzaba de un tiempo autárquico a una esperanza de libertad deseada por todos y, sobre todo, con una conciencia clara de superar las dos Españas creadas en la República y consolidadas en el periodo franquista.

La robusta puerta de madera, con herrajes ennegrecidos por el paso del tiempo, encastrada y sellada por el moho del tiempo transcurrido se entreabría con el esfuerzo de todos, con las lágrimas derramadas por unos y otros, en un "sindiós" que sólo benefició a los traidores que se lo llevaron crudo, y a los vencedores, que sometieron al resto a su voluntad.

Esa superación, ese forzar la apertura de la puerta y limpiar sus herrajes para una correcta utilización, no sólo fue ejemplar, sino objeto de estudio y ensalzamiento por el resto del mundo, menos por nosotros mismos, retorcidos, ladinos, maliciosos; siempre tenemos un 'tonto solmene' que destroza lo que con esfuerzo se construye.

En Salamanca se dice que existe un péndulo en su ágora que, con una cuchilla recorre la misma de forma que todos se someten a su criterio, de este modo si a uno se le ocurre sacar la cabeza, alzar el pensamiento o la idea, el péndulo le corta la cabeza y vuelve a tener el mismo nivel 'la hierba de la ciudad'.

No cabe mejor ejemplo que D. Miguel de Unamuno, ensalzado por los rebeldes y denostado por los republicanos, para posteriormente ser repudiado por los victoriosos y ensalzado por lo perdedores, cuando ni uno ni otro comprendieron que él no se movió de su posición, jugó como 'francotirador' contra lo que no le gustaba, de unos y otros, fueron ellos los que mudaron su postura.

Hoy volvemos a vivir un proceso de subversión, de ruptura, de encanallamiento de las posiciones y de radicalización irracional de una y otra posición, llegando al momento en que sólo será eficaz la propugnada victoria de la derecha si, sólo si, esta procede a una reconstrucción de lo destruido, fortaleciendo los controles políticos, el sometimiento del poder al escrutinio del pueblo y el blindaje del poder judicial como clara, manifiesta y profundamente independiente, sin la más mínima intervención de los políticos en su composición, desarrollo y actuación. El blindaje de las instituciones públicas que precisen de independencia, como la SEPI, el CNI, el CNP, la Guardia Civil, etc., deberá cursarse de forma profesional, sin intervención política, con independencia y transparencia en su gestión garantizadas por medio de leyes orgánicas. La reconstrucción del recurso previo de inconstitucionalidad ante las leyes, que permita evitar el curso de normativa con defecto constitucional. Un órgano, que no Tribunal, de Control Constitucional, de reputados juristas, sin intervención política y mucho menos partidista, que ejerzan su labor sin sometimiento a directriz alguna. Una Fiscalía y una Abogacía del Estado independientes, libres de intervención política alguna… En definitiva, limpiar de políticos y de política las instituciones y reforzar el modelo de control del poder por parte de los ciudadanos.

Por tanto, no es que venza la derecha a la izquierda, sino que se pueda producir un cambio que permita la reconstrucción democrática que se ha emponzoñado y sometido, de forma que, si obtuviese el respaldo popular, la izquierda, la obligación y compromiso debieran ser el mismo.

El daño reputacional, legal, formal y estructural es tan grande, tan cercano a planteamientos totalitarios que, gobierne quien gobierno, debe de afrontar una limpieza y reconstrucción cuasi constituyente, pues, si no se hace el daño se sistematizará, se normalizará y nos veremos abocados a años de oscurantismo hasta que podamos volver a recuperar la democracia.

El reto no es echar o mantener a Sánchez, es acabar con la corrupción, con la destrucción institucional y devolver a los ciudadanos su libertad. Es evidente que Sánchez se ha convertido en el problema que arrastra a su partido por el fango; como le gusta a Pumpido, enmugrecer las togas con los detritus del camino. Pero, si en la izquierda hubiera un poco de sentido -me consta que existen muchos en ella que lo tienen- clamarían por la regeneración que planteamos.

Hoy no queda otra que votar al PP o a VOX, por dignidad, por exigencia democrática, por la libertad, pero… cuidado, que no nos vuelvan a engañar, que no nos prometan hasta que metan, pera una vez metido… nada de lo prometido. Necesitamos servidores públicos que busquen servir y no servirse, como hasta ahora. Es la hora de la exigencia del contrato ciudadano-político y que el que mienta o no lo cumpla deberá de ser repudiado y expulsado de la vida pública.

 

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