La biblioteca secreta del Universo está en Madrid y guarda décadas de descubrimientos espaciales

Conserva 1,4 petabytes de información de más de 25 misiones y permite seguir haciendo ciencia mucho después de que los satélites dejen de funcionar

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La biblioteca secreta del Universo está en Madrid y guarda décadas de descubrimientos espaciales
Edificio que alberga el Centro Europeo de Astronomía Espacial (ESAC) (EFE)
El autor esTeresa Sánchez
Teresa Sánchez
Lectura estimada: 3 min.

La exploración espacial no termina cuando un satélite deja de funcionar. En una discreta instalación situada en Villanueva de la Cañada, al oeste de Madrid, la Agencia Espacial Europea (ESA) custodia uno de sus activos más valiosos: una gigantesca biblioteca digital que almacena décadas de observaciones del Universo y que sigue generando descubrimientos científicos años después de que las misiones concluyan.

Se trata del Centro de Datos Científicos de la ESA (ESDC), considerado el corazón científico de la agencia. Lejos de ser un simple repositorio de imágenes espectaculares del cosmos, este archivo conserva observaciones astronómicas, catálogos, espectros, curvas de luz, mapas del cielo, documentación técnica y una enorme cantidad de información científica procedente de las misiones espaciales europeas.

Su dimensión resulta difícil de imaginar. Según datos recientes, el centro almacena información de más de 25 misiones espaciales que ocupan alrededor de 1,4 petabytes de almacenamiento, una cifra equivalente a 1.400 terabytes. Cada mes, además, distribuye más de 130 terabytes de datos a través de unas 60.000 sesiones de acceso realizadas por investigadores de todo el mundo.

"Una misión puede durar años, pero sus datos pueden seguir produciendo ciencia durante décadas", explica Bruno Merín, responsable del ESDC. Esa es precisamente la principal función de esta infraestructura: maximizar el retorno científico de las inversiones realizadas en exploración espacial.

Los archivos del centro incluyen información procedente de algunas de las misiones más emblemáticas de la ESA, como Gaia, Hubble, XMM-Newton, SOHO, Mars Express, Rosetta, Venus Express o Giotto, entre muchas otras. Una vez finalizado el denominado periodo propietario, los datos pasan a estar disponibles de forma pública y gratuita para toda la comunidad científica internacional.

La importancia de estos archivos ha crecido enormemente en los últimos años. Los investigadores pueden volver a analizar observaciones antiguas utilizando nuevas herramientas informáticas, comparar fenómenos observados en distintas épocas o combinar datos obtenidos por diferentes telescopios. Gracias a ello, muchas veces aparecen hallazgos que pasaron desapercibidos cuando los datos fueron recogidos originalmente.

De hecho, un estudio sobre la productividad científica de las misiones de la ESA concluyó que más de la mitad de los artículos científicos basados en datos de la agencia proceden de investigaciones realizadas con información archivada, y que su impacto científico es comparable al de los trabajos desarrollados por los equipos originales de las misiones.

Uno de los ejemplos más llamativos es el proyecto Hubble Asteroid Hunter. Mediante técnicas de inteligencia artificial y la colaboración de ciudadanos voluntarios, el análisis de imágenes históricas del telescopio espacial Hubble permitió identificar 1.701 trazas de asteroides, muchas de ellas correspondientes a objetos que no habían sido catalogados anteriormente.

Otro estudio utilizó el archivo del Hubble junto con la plataforma ESA Datalabs para elaborar un catálogo de 21.926 sistemas de galaxias en interacción, incluyendo numerosos sistemas que hasta entonces no figuraban en las bases de datos astronómicas.

El centro también ha desarrollado ESASky, una herramienta que ofrece acceso unificado a observaciones de todo el cielo realizadas por las misiones astronómicas de la ESA y de organismos colaboradores. Además de servir a la investigación científica, estos recursos son utilizados en educación, divulgación, formación universitaria, periodismo especializado y desarrollo tecnológico.

Para Bruno Merín, el verdadero valor de estos archivos reside en su capacidad para mantener vivas las misiones mucho después de su final. Los satélites pueden dejar de operar, pero los datos continúan generando conocimiento. Y con tecnologías emergentes como la inteligencia artificial, la minería de datos o la ciencia ciudadana, esos archivos siguen revelando secretos del Universo que nadie imaginó cuando fueron capturados.

En una época marcada por la carrera espacial y las nuevas tecnologías, la mayor biblioteca del cosmos demuestra que, a veces, los descubrimientos más importantes no llegan desde nuevos lanzamientos, sino desde la capacidad de volver a mirar con otros ojos lo que ya estaba almacenado.

FUENTE: EFE

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