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La mente frente al horror: así trabajan los agentes contra la pornografía infantil
Agentes de la Guardia Civil afrontan imágenes y textos de extrema crudeza mientras reciben apoyo psicológico para resistir el impacto emocional
"Material muy, muy duro, tremendamente sensible y emocionalmente muy impactante". Con esto trabajan los agentes de la Guardia Civil que persiguen la pornografía infantil y a quienes se les somete a un protocolo de asistencia psicológica, una "coraza" para sobrellevar el visionado de las terribles imágenes que los depredadores comparten en la red.
Una difusión que, como la propia red, no tiene fronteras y que cada día va a más, subrayan a EFE los investigadores de la Sección de investigación de la explotación sexual infantil, perteneciente al Departamento contra el Cibercrimen de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil.
Aunque la sociedad habla de lo grave que es la pornografía infantil, hasta que "no lo ves, no lo tocas, no sabes hasta qué punto es grave", dicen los agentes.
El material con el que tienen que trabajar cada día es "emocionalmente muy impactante". "O existe un plan de asistencia psicológica para ayudarnos a sobrellevar el visionado de ese material, o al final tendríamos un problema incluso de enfermedad mental", afirman.
Antes, durante y después
Por ello, desde hace menos de dos años la Guardia Civil ha implementado un Plan de asistencia psicológica integral a investigadores de explotación sexual infantil que se aplica desde el principio, es decir, antes de entrar en la unidad.
Se valoran por tanto los perfiles porque, como explican, "no todo el mundo puede investigar este tipo de delitos ante el impacto emocional de la crudeza de las imágenes y los vídeos".
En esta primera fase de selección e incorporación, los agentes mantienen diversas reuniones durante quince días con los psicólogos del cuerpo. Tras las entrevistas personales para ver el perfil del aspirante, se le van mostrando material de firma progresiva: del menos impactante al más duro.
Así, se le muestran en primer lugar imágenes de adolescentes semidesnudos para pasar después de forma progresiva a escenas de niños de muy corta edad atados, por ejemplo, y terminar con vídeos de bastante dureza que rozan la tortura y el sadismo.
Por supuesto, ha habido quien no ha podido superar esta primera fase e, incluso, ha abandonado este escalón antes de llegar al nivel más alto de dureza.
Ya en la segunda fase, los agentes incorporados al grupo tienen como mínimo una sesión individual y otra grupal al año con los psicólogos, aunque pueden pedir asistencia siempre que lo necesiten.
No se trata solo de desahogarse, sino también de contar con técnicas para el día a día. Son -recalcan- herramientas "muy buenas" para poder combatir el estrés que puede causar el visionado permanente o más o menos continuo.
Pero salir de esas unidades tampoco es fácil. Por eso, el plan persigue que el personal que haya estado expuesto a este tipo de material de alto impacto emocional sea evaluado y se asegure de que su paso por la unidad y por este tipo de investigaciones no le haya dejado ninguna secuela.
¿Hay que ser de otra pasta para abstraerse mientras se trabaja con este material? "Sin ninguna duda", responden los agentes.
"Hay que estar un poco deshumanizado o un poco desligado del lado emocional para evitar que esto nos afecte", subraya metafóricamente uno de ellos, que precisamente llegó al grupo tras años de servicio en Tráfico, en la que también tuvo que presenciar imágenes muy duras de los accidentes.
Recurrir al humor negro es uno de los recursos que los agentes a veces utilizan como "coraza" para no llevarse a casa ese estrés. Como también lo es hablar entre ellos, compartir lo que sienten y relativizarlo.
Casi más dañinos los textos de los depredadores que las imágenes
No solo son las imágenes lo que sorprende a los investigadores de la pornografía infantil. Reconocen que los textos de los depredadores "pueden ser incluso más dañinos", porque son la expresión de lo que piensan estos pedófilos, de lo que desean.
Expresado en foros, en cartas entre ellos, en mensajes…, esos textos son capaces de "perturbar muchísimo más que una imagen". "Somos incapaces de procesar que una persona pueda escribir eso directamente. Su cabeza llega más allá de lo que ellos físicamente pueden llegar a hacer".
"Es decir, ellos se imaginan más de lo que realmente pueden hacer en la vida real. Es un escenario tremendamente peligroso y duro", añaden los investigadores de la UCO.
Más allá de las imágenes y los textos, los investigadores se centran en otros aspectos que aparecen en las imágenes y que no se centran en el acto sexual. Se trata de identificar a las víctimas y, para ello, localizar dónde se ha podido grabar el vídeo o hacer la foto es fundamental.
Reuniones internacionales para identificar a las víctimas
Una labor que también se lleva a cabo en reuniones de grupos de trabajo internacionales, en las que durante quince días policías de diferentes países trabajan juntos en la identificación de víctimas de todo el mundo.
Y es que en la mayoría de los casos __EMDASH__un 90 %, dice un experto del grupo de la UCO__EMDASH__ es la víctima la que aparece en los archivos, mientras que el autor intenta mantener su anonimato.
Son dos semanas "viendo material e intentando sacar cualquier dato que nos aporte información de la ubicación, de la víctima". Y puede aportarla los sonidos, el ruido de la calle, el acento de las voces, un programa de televisión que en ese momento se estuviera emitiendo…
Víctimas que son captadas por diferentes métodos, uno de ellos los videojuegos y las nuevas redes sociales. Fue el caso de un argentino detenido por la UCO en 2022 y condenado a 433 años de cárcel que había producido material con 32 víctimas, de las que 26 ya han sido identificadas.
Este grupo de la Guardia Civil está centrando su trabajo también en esos lugares de la red que pueden ser potencialmente más peligrosos, como pueden ser los videojuegos. "Si podemos actuar de forma rápida, estamos protegiendo a posibles potenciales víctimas futuras", aseveran.
También comprobaron en alguna de las operaciones cómo los depredadores buscaban a deportistas o 'youtubers' con proyección para conseguir material que les comprometiera y chantajearles en el futuro.
Y lo que sí están viendo los agentes es que estos pedófilos "cuanto más tienen, más quieren". Si tienen una foto, luego quieren un vídeo; si el vídeo es de una carga mediana, quieren subir más el nivel y llevarlo al extremo. Incluso tienden a las autolesiones, concluyen.
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