Las redes que enredan

La democracia es el control de poder por parte de los ciudadanos; nunca podrá ser que los 'perritos sin alma' sean controlados, limitados, prohibidos por el poder

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Las redes que enredan
Grupo de adolescentes sentados mirando sus móviles.
El autor esEnrique De Santiago
Enrique De Santiago
Lectura estimada: 5 min.

Cuando mis hijos eran menores de edad, mi mujer y yo nos preocupamos de que no tuviesen demasiado pronto móvil y que no tuvieran acceso a las redes sociales. Es verdad que mi mujer comenzó a resultar más permisiva con el tiempo, pero, con su apoyo, yo mantuve que no accedieran a las redes hasta la mayoría de edad. Esa decisión me granjeó, una vez más, la imagen y el adjetivo de retrogrado, antiguo y facha. Bien es verdad que me importó muy poco y mantuve el criterio.

Ahora se han construido los términos piji-progre de 'fake', 'bulo' vamos lo que toda la vida fueron mentira, engaño, embuste, patraña, infundio, trola, bola o falsedad y que, cuando antes te intentaban engañar, lo que hacías era demostrar la falsedad, dejando en evidencia al falsario, que se sentía como alguien humillado.   

Curiosamente no nos encontramos con un simple cambio terminológico, pues ahora el que determina que lo afirmado es fake o bulo no acredita absolutamente nada, pretende tu humillación y, cuando se demuestra la veracidad de la noticia, no siente vergüenza o perjuicio alguno, sino que prefiere mantener su posición de 'dejar estar dejar pasar'; es decir, miente, que algo queda. En definitiva, el cambio terminológico lo que hace es proceder a una transformación ética que permite elogiar la indignidad.

Con este planteamiento y forma de actuar se consigue una sociedad pastueña que, por más que la engañes, aceptará la mentira y, haga lo que haga, seguirá manteniendo al indigno.

Gran parte de estos cambios se deben a un desproporcionado incremento del uso de las redes sociales, que pasan de ser un modo de comunicación y de información para convertirse en instrumento de manipulación y gestión política que moldea y transforma los valores y objetivos de la sociedad. Pero si hemos llegado a aceptar que la mujer se someta al burka como una opción feminista… más estupidez no cabe, pero se defiende en las redes por los autodenominados políticos progresistas (jajaja) y feministas (sostenme que me caigo de la risa) y, lo peor, la sociedad le ingiere como quien ingiere cicuta como si fuese un refresco.

La democracia es el control de poder por parte de los ciudadanos; nunca podrá ser que los 'perritos sin alma' sean controlados, limitados, prohibidos por el poder, que sólo él sabe lo que nos viene bien.

Ahora, desde el poder, en lugar de someterse democráticamente al escrutinio público y acreditar las falsedades que se pretendan generar por el adversario con los datos, la verdad y demostración de todo ello, lo que se propone son dos cosas: el control prohibitivo del acceso de los menores a las redes y el control de la información en las redes.   En definitiva, dos prohibiciones a los 'perritos sin alma'. Pero, ¿qué daños les hace el ejercicio de nuestra libertad?    

Cuando yo impedía a mis hijos el acceso a las redes, lo hacía en una decisión personal (familiar), como lo era que ellos no pudieran ser fotografiados en los centros educativos ni se usase su imagen por terceros que no fuéramos los padres en el ámbito privado; en definitiva, en el uso personal de un derecho-obligación que como padre tengo en la educación de mis hijos y en la libertad personal con la que debo ejercerla. Lo que se pretende ahora es limitar esa libertad de los padres, sustituyéndola –como si no sólo fuéramos 'perritos sin alma', sino también 'bobos sin espíritu' - por el criterio del que detente el poder, del 'Cesar' de turno en el planeta de los simios.

En lo referente a la prohibición o al control de los medios de comunicación en las redes, la alternativa que propongo para que la sociedad no vea limitada su libertad, y al mismo tiempo se eliminen los bulos y falsedades, sería impedir y prohibir que los políticos hicieran uso de ellas. Es decir, que ministros, alcaldes y concejales de cualquier signo no pudieran comunicar sus decisiones, sus opiniones o sus mentiras a través de las redes. Desde que los políticos han accedido a las redes, las han pervertido, envenenado y manipulado; por ello, deberían tenerlas expresamente prohibidas.

Dotemos de instrucción, cultura, formación y criterios diversos, así como formas de acceso seguro a las redes, al ciudadano; confiemos en su criterio y su libertad e impidamos que los que, de una u otra forma, detentan el poder puedan manipularnos, generando falsedad, mentiras o lo que es peor medias verdades que sólo buscan el engaño y farfulla que a ellos sólo sirve.

Cuando elegimos a este u otro político, lo hacemos para que gestionen honrada y eficazmente los recursos de los que disponemos para cubrir las necesidades que son comunes: sanidad, educación, justicia, defensa-seguridad, etc, pero no para que los gasten en falsas defensas ideológicas que generan división y enfrentamiento, no para que distraigan los fondos a sus propias faltriqueras, ni para acciones o conductas inapropiadas. Cada decisión económica debiera de ser expresamente explicada, presentada a su discusión y, evitando las presentaciones ómnibus (deberían estar prohibidas por engañosas), defender o criticar su aplicación en libertad y sin trampas, pues la política al final es la decisión de en qué se gasta el dinero público. No tener presupuestos facilita el latrocinio, el engaño, la ocultación.

El tiempo del político no es de él, sino nuestro, de los ciudadanos, de los que le votaron o de los que no le votaron, pero lo tienen que aceptar por ser la decisión mayoritaria, de forma que no pueden perder el tiempo en las redes sociales, en el control de los medios, en la persecución del que le critica, sino en trabajar para evitar y prevenir riesgos y preparar formas de solución de los problemas de los ciudadanos; en definitiva, en trabajar para nosotros, para servirnos y no para servirse, pues si ellos se sirven, nos perjudican, nos engañan, no desarrollan el trabajo para el que fueron contratados.

Estoy convencido de que, si prohibimos la acción de los políticos en las redes, el nivel de falsedad se verá reducido, la sociedad estará más preparada para luchar con la mentira y los falsarios acabarán siendo expulsados de las redes por indignos, pues, como dice Miguel, nos podrán engañar una vez –será su responsabilidad- pero no podrán engañarnos una segunda, pues será nuestra responsabilidad. Asumámosla.

 

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