La lucha de Madrid contra la oruga procesionaria se salda con más de 53.000 nidos retirados

Las autoridades recomiendan no tocar nunca las orugas ni sus nidos, algo especialmente importante en el caso de niños y mascotas

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La lucha de Madrid contra la oruga procesionaria se salda con más de 53.000 nidos retirados
El autor esManel Pacho
Manel Pacho
Lectura estimada: 3 min.
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Con la llegada del final del invierno, uno de los insectos más problemáticos para los parques madrileños vuelve a ser protagonista: la Thaumetopoea pityocampa, más conocida como oruga procesionaria del pino. El Ayuntamiento de Madrid ha intensificado en las últimas semanas la retirada de sus característicos nidos blancos en árboles de toda la ciudad, una campaña que este año ha eliminado más de 53.500 bolsones.

Los trabajos se encuentran ya en su fase final en parques como el Parque Juan Carlos I, donde este miércoles han podido observarse las labores de retirada coincidiendo con la visita del delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, junto al responsable de Limpieza y Zonas Verdes, José Antonio Martínez Páramo, y el concejal de Barajas, Juan Peña Ochoa.

Pero más allá de la visita institucional, la campaña responde a un problema recurrente en los meses fríos: la proliferación de estas orugas en pinos y cedros, especialmente en parques urbanos.

Un problema que depende del clima

La cantidad de procesionarias puede variar mucho de un año a otro. Los inviernos suaves, como los que se han registrado en los últimos años, favorecen la supervivencia de las larvas. Si además la primavera llega con temperaturas estables, el desarrollo de las colonias se acelera y la salida de las orugas se produce de forma masiva.

También influye el entorno: los bosques de pinos densos y sanos, frecuentes en algunos parques de Madrid, facilitan su reproducción. Y si disminuyen los depredadores naturales __EMDASH__como aves insectívoras o ciertos insectos parásitos__EMDASH__ la población puede aumentar rápidamente.

Parques especialmente vigilados

Las actuaciones se han extendido a zonas verdes de los 21 distritos de la ciudad, aunque los trabajos se han concentrado especialmente en áreas con gran presencia de coníferas.

Entre los espacios con mayor actividad se encuentran grandes parques forestales como la Casa de Campo o la Dehesa de la Villa, además de zonas verdes de barrio con abundancia de pinos como el Pinar de la Elipa, el Pinar de San José o el Parque de la Ventilla.

Los trabajos se intensifican especialmente en áreas infantiles, parques frecuentados por familias y entornos de centros escolares, donde el riesgo de contacto accidental es mayor.

Cómo se combate la procesionaria durante todo el año

El control de esta plaga no se limita a retirar nidos en invierno. En realidad, el programa municipal se desarrolla durante todo el año con varias técnicas combinadas. En verano se instalan trampas con feromonas para capturar a los machos y reducir la reproducción. En la campaña actual se han colocado casi 5.000 trampas.

Durante el otoño se aplica endoterapia en árboles seleccionados: un tratamiento que introduce productos fitosanitarios directamente en la savia del árbol para eliminar las larvas cuando se alimentan de sus hojas. Este sistema se ha aplicado en más de 7.200 ejemplares.

Después llega la fase más visible: la retirada manual de los nidos entre enero y febrero, mediante pértigas o plataformas elevadoras.

Finalmente, en las últimas semanas del invierno se instalan anillos alrededor de los troncos que impiden que las orugas bajen al suelo formando las conocidas "procesiones". Este año se han colocado más de 5.300 dispositivos.

Un riesgo para personas, mascotas… y para los árboles

La procesionaria no solo preocupa por sus pelos urticantes, que pueden provocar irritaciones en la piel, los ojos o las mucosas. También representa un problema serio para el arbolado.

Las orugas se alimentan de las acículas de los pinos, provocando defoliaciones que debilitan los árboles y reducen su capacidad de realizar la fotosíntesis. Si el ataque se repite durante varios años, el árbol puede quedar seriamente dañado o incluso morir.

Por eso, las campañas periódicas de control son clave para mantener el equilibrio de los ecosistemas urbanos y proteger el patrimonio verde de la ciudad.

Qué hacer si se encuentran procesionarias

Las autoridades recomiendan no tocar nunca las orugas ni sus nidos, algo especialmente importante en el caso de niños y mascotas. Su desplazamiento en fila puede resultar llamativo, pero acercarse a ellas puede provocar reacciones alérgicas o irritaciones.

Si se detecta la presencia de procesionarias en un parque o espacio público, se puede avisar a los servicios municipales a través del teléfono 010 para que los técnicos revisen la zona. En espacios privados, la responsabilidad de actuar corresponde a los propietarios o gestores del terreno.

Con la llegada de marzo, las orugas empiezan a descender al suelo para enterrarse y completar su metamorfosis. Es el último momento para frenarlas antes de que, semanas después, aparezcan las mariposas adultas y el ciclo vuelva a empezar.

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