El Palacio de Cristal del Retiro cambia sus más de 5.000 vidrios para volver a "respirar"

La gran restauración del emblemático edificio del Retiro, con 7,5 millones de euros de presupuesto, terminará en 2027

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El Palacio de Cristal del Retiro cambia sus más de 5.000 vidrios para volver a "respirar"
Cristina Lladó
Lectura estimada: 3 min.

El Palacio de Cristal del Retiro es un enjambre de andamios, pasarelas y escaleras que permiten a un equipo de técnicos especializados cambiar cada uno de los más de 5.000 cristales que cubren su inmenso caparazón. La operación permitirá que el centenario edificio vuelva a respirar.

Se trata de un enorme proyecto de restauración de este edificio emblemático de Madrid, situado en mitad del Parque del Retiro y adscrito al Museo Reina Sofía, que lo utiliza para exposiciones temporales de artistas contemporáneos.

En total, son 10 plantas de andamios a las que hay que trepar por empinadas escalerillas hasta llegar a lo más alto de la cúpula, a 25 metros del suelo y que sobresale por encima de los inmensos árboles que rodean el edificio, como ha comprobado EFE en una visita junto al arquitecto y director de las obras, Javier Contreras.

Los andamios ocupan la totalidad de los 13.000 metros cúbicos del inmenso invernadero, lo que permite restaurar tanto la estructura de hierro como sustituir los cristales, en una intervención que, en principio, estará terminada en julio de 2027, explica.

Construido en 1887 con motivo de la Exposición General de las Islas Filipinas, el magnífico edificio ha sido restaurado y rehabilitado a lo largo de los años, la última vez en 1993.

Pero en 2023 cayeron desde lo alto algunas piezas de hierro, afortunadamente sin consecuencias.

El Museo Reina Sofía cerró de inmediato el edificio y encargó un estudio de patologías para evaluar la situación, detalla el jefe de Área de Arquitectura y Desarrollo Sostenible del Reina Sofía, Francisco 'Curro' Holguín.

Así, en 2024, con un presupuesto de 7,5 millones de euros y tres años de plazo, se puso en marcha un proyecto de restauración total del "palacio" para solventar las obras de emergencia y para darle una solución al cerramiento de cristal.

"En la última intervención, cambiaron los cristales lisos por otros más grandes y curvos, que quedaban muy bonitos pero creaban un espacio estanco que no dejaba respirar al edificio", explica Contreras.

Además, los cristales eran muy rígidos y saltaban con los movimientos del edificio, y "cada vez que había pedrisco en Madrid, ¡hala, a cambiar vidrios!", exclama.

Con la restauración actual, se vuelve a los cristales cuadrados, de seguridad para que aguanten el granizo, con algo de control solar y solapados, lo que permitirá al edificio respirar y no crear condensación. "Y si la hay, que salga", dice.

También se están colocando ventanas de ventilación y restaurando toda la estructura metálica, el pórtico, el pavimento y el remate de la cúpula, una gran pieza de zinc en forma piramidal que aguarda su turno posada en el suelo.

Apasionado con la obra, Contreras habla sin fin de las innovaciones que está utilizando para la ocasión, como el sistema de "rodonado" para unir piezas de metal, el sistema "sponger" para limpiar la estructura sin generar polvo férrico o la soldadura láser para las piezas de las ventanas y los vidrios.

Y también de su aversión por los inmensos plátanos de sombra que rodean el edificio y que no solo dejan caer bolas rígidas sobre los nuevos cristales, sino también kilos y más kilos de polen que atascan desagües y juntas.

Pese a todas estas modernidades, el Palacio de Cristal seguirá siendo un reto para los artistas que exponen en él desde los años 90, cuando pasó a estar adscrito al Reina Sofía, que lo usa para exposiciones temporales de artistas contemporáneos.

Holguín explica que se trata siempre de artistas que aún están en activo y a los que se invita a realizar una obra ex profeso para el edificio, con lo que el Palacio de Cristal "sirve como telón de fondo y como herramienta de acción para el propio artista".

"Tienen que saber que es un edificio abierto a la intemperie, en el que va a hacer frío o calor, en el que entra el agua y el viento", dice sin querer mencionar que, a veces, hasta entran pájaros.

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