Juan Carlos I defiende su legado democrático y admite que le entristecen las críticas en España: "Nadie es profeta en su país"
El rey emérito defiende su legado en Francia: "Reconcilié a España consigo misma"
Juan Carlos I defiende su legado democrático y admite que le entristecen las críticas en España: "Nadie es profeta en su país"
El rey emérito Juan Carlos I reapareció este sábado en la Asamblea Nacional francesa para recoger el Premio Especial del Jurado del Libro Político por sus memorias Reconciliación. Durante su intervención, el exmonarca defendió con firmeza su papel en la historia reciente de España, asegurando que su mayor logro fue "reconciliar a España consigo misma" tras la dictadura y la Guerra Civil.
En un discurso pronunciado en francés y marcado por ciertas dificultades físicas, Juan Carlos I subrayó que el título de su libro no es casual. "Creo que es la palabra que mejor resume el principal logro de mi vida pública", afirmó, en referencia al proceso de transición democrática iniciado tras la muerte de Francisco Franco en 1975.
El rey emérito recordó que heredó todos los poderes del régimen franquista, pero decidió devolverlos "a su legítimo propietario, el pueblo español". Este proceso, según explicó, culminó con una "ruptura radical" que quedó reflejada en la Constitución de 1978, base del actual sistema democrático.
Acompañado por sus hijas, Infanta Elena y Infanta Cristina, y su nieto Felipe de Marichalar, el exjefe del Estado reivindicó también su decisión de publicar sus memorias, escritas junto a la autora francesa Laurence Debray. Según explicó, buscaba ofrecer su versión personal tras décadas de análisis y críticas sobre su figura.
"A veces me entristece"
Más allá de la reivindicación de su legado, Juan Carlos I reconoció cierta tristeza al observar cómo es percibido en la actualidad en España. "Soy consciente de que nadie es profeta en su país y que siempre habrá juicios divergentes", admitió.
Pese a ello, insistió en que siempre actuó con un objetivo claro: consolidar la democracia, garantizar los derechos humanos y promover el progreso del país.
El galardón fue concedido por unanimidad por un jurado presidido por la historiadora Annette Wieviorka. Durante el acto, se destacó el simbolismo de premiar a un monarca en una institución nacida de la Revolución Francesa, tradicionalmente asociada al fin de la monarquía.
Entre los asistentes se encontraban figuras políticas francesas como Yaël Braun-Pivet, así como los ex primeros ministros Manuel Valls y Élisabeth Borne.
Este reconocimiento en Francia contrasta con el debate abierto en España sobre la figura del rey emérito, que sigue siendo objeto de valoraciones contrapuestas. Aun así, Juan Carlos I quiso dejar claro que asume su trayectoria "con sus aciertos y errores", reafirmando que su vocación siempre fue "servir a su país".
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