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El Valentino que no era rojo: el vestido vintage que hizo historia en los Oscar
El diseñador, célebre por su 'red', conquistó la alfombra roja con una elección inesperada de la mano de Julia Roberts que ese día se coronó reina de Hollywood
Cuando se piensa en Valentino Garavani, el imaginario colectivo viaja de inmediato al Valentino Red, ese tono intenso que se convirtió en su firma y en sinónimo de elegancia absoluta. Sin embargo, una de las noches más memorables de su legado en la alfombra roja no tuvo nada de rojo.
Ocurrió el 25 de marzo de 2001, durante la gala de los premios Oscar. Julia Roberts subía al escenario para recoger la estatuilla a mejor actriz por Erin Brockovich, mientras el mundo observaba un vestido que acabaría marcando época: un Valentino vintage de Alta Costura de 1992, confeccionado en terciopelo negro y decorado con finas líneas blancas.
En un contexto donde los estilismos recargados dominaban las grandes citas, la elección de Julia Roberts sorprendió por su contención. Líneas limpias, silueta clásica y una estética que evocaba el Hollywood dorado convirtieron el diseño en una declaración silenciosa, pero poderosa. La prenda no era nueva ni fue concebida para esa alfombra roja. De hecho, la actriz no tenía decidido su vestuario hasta pocos días antes de la ceremonia. Fue durante una visita de última hora al showroom de Valentino en Beverly Hills cuando apareció el vestido que cambiaría el rumbo de la noche, y de la historia de los Oscar.
El impacto fue inmediato. El vestido encabezó las listas de los mejores looks de 2001 y consolidó a Julia Roberts como icono de estilo global. Pero su relevancia fue más allá de lo estético: aquella elección legitimó el uso de piezas de archivo en grandes eventos, mucho antes de que la moda consciente se instalara en la industria.
Paradójicamente, fue ese Valentino sobrio y monocromático el que dejó huella, demostrando que el diseñador no solo dominaba el color que llevaba su nombre, sino también el arte de la elegancia atemporal.
Años después, Valentino Garavani reconocería públicamente la importancia de aquel momento, confesando que ver a Julia Roberts recibir su Oscar con uno de sus diseños fue una de las experiencias más emocionantes de su carrera.
Ahora, medio siglo después y cuando el diseñador ha fallecido, ese vestido sigue siendo referencia obligada en cualquier conversación sobre moda y cine. No porque fuera rojo, sino precisamente porque no lo fue. Porque incluso el rey del rojo supo, aquella noche, que a veces el mayor impacto nace del contraste.
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