El grupo donostiarra reaparece con su vocalista original y presenta un single cargado de nostalgia y segundas oportunidades
Yannick Nézet-Séguin moderniza el Concierto de Año Nuevo con más diversidad sin perder la tradición
El recital más famoso del mundo incorpora obras de compositoras y un mensaje de esperanza global
Tras décadas de casi inalterada tradición, el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena ha inaugurado este jueves 2026 con un programa más inclusivo dirigido por el canadiense Yannick Nézet-Séguin, que ha modernizado el recital con dos obras compuestas por mujeres.
Nézet-Séguin, que a sus 50 años es una de las figuras más influyentes del circuito clásico internacional, demostró que es posible introducir diversidad y renovación en el característico estilo vienés sin que el concierto de música clásica más famoso del mundo pierda su esencia.
El director apostó por un repertorio que mantuvo el peso de la dinastía Strauss, con sus tradicionales valses, polcas y marchas, pero que incorporó cinco obras inéditas en este recital, entre ellas composiciones de Florence Price (1887–1953) y Josephine Weinlich (1848–1887).
No fue hasta el año pasado, tras 85 ediciones y más de mil piezas interpretadas, cuando el Concierto de Año Nuevo incluyó por primera vez una obra firmada por una mujer: el Ferdinandus-Walzer de Constanze Geiger. Esta lenta ruptura del monopolio masculino ha continuado este año con la presencia de dos compositoras en el programa.
"Florence Price fue una compositora injustamente relegada y, según sus propias palabras, lo fue por su género y por su raza", explicó Nézet-Séguin antes del concierto sobre una pieza que solicitó expresamente a la Filarmónica. Su Vals del arcoíris, inspirado en la música afroamericana y popular, resonó en la Sala Dorada de la Musikverein como símbolo de una música clásica "más abierta".
La otra gran protagonista fue Josephine Weinlich, pionera que fundó en 1875 la primera orquesta femenina de Europa. Su obra Canciones de sirenas, cargada de un mensaje de empoderamiento y solidaridad, encajó plenamente con la intención del director de actualizar el repertorio.
El Concierto de Año Nuevo de Viena, cuyos orígenes se remontan a 1939, sigue siendo el evento de música clásica más popular del mundo, seguido por cientos de millones de personas. Sin embargo, nunca ha sido dirigido por una mujer, y la Filarmónica —con un 83 % de integrantes hombres— no incorporó a la primera mujer a sus filas hasta 1997.
Un nuevo estilo en el podio
Nézet-Séguin imprimió al concierto una energía marcada por la alegría y la esperanza compartida, valores que también trasladó a la puesta en escena. Lució un traje de Louis Vuitton diseñado por su marido, el violinista Pierre Tourville, con un aire contemporáneo y detalles llamativos como sus uñas pintadas, ya características del director.
Antes del tradicional brindis, lanzó un mensaje claro: paz en los corazones y entre las naciones, recordando que "la música puede unirnos a todos porque vivimos en el mismo planeta".
El recital dejó también momentos de humor, como la aparición de algunos músicos con gorras de ferroviarios durante el Galope de Københavns Jernbane-Damp. En el intermedio, una película conmemoró el 250 aniversario del Museo Albertina, mientras que la retransmisión televisiva volvió a incluir coreografías del Ballet Estatal de Viena.
Tras el inevitable El Danubio azul, Nézet-Séguin dirigió la Marcha Radetzky desde el patio de butacas, cerrando una 86ª edición que puso fin a la celebración del bicentenario de Johann Strauss hijo, reafirmando que la tradición vienesa puede evolucionar sin dejar de ser reconocible.
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