El carrete vuelve a Madrid y rescata una tienda de fotografía a las puertas de su centenario

Casa Pibe, abierta desde 1927, afronta una nueva etapa de la mano de los responsables de Sales de Plata mientras crece el interés por la fotografía analógica

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El carrete vuelve a Madrid y rescata una tienda de fotografía a las puertas de su centenario
Marta Arquero y Cristóbal Benavente, responsables de Sales de Plata (EFE)
Isabel Rodríguez Ramiro
Lectura estimada: 4 min.

En pleno centro de Madrid, donde los comercios tradicionales han ido dejando paso a negocios orientados al turismo, una histórica tienda de fotografía se prepara para llegar a su centenario sin renunciar a su identidad. Casa Pibe, abierta desde 1927, comparte desde enero propietarios con Sales de Plata, un establecimiento especializado en fotografía analógica que ha encontrado en el antiguo negocio familiar una forma de garantizar su continuidad.

Casa Pibe es una de las tiendas de fotografía más antiguas de la capital. Durante casi un siglo ha pasado de generación en generación dentro de la misma familia. Arturo, que hasta ahora estaba al frente del establecimiento, representaba la tercera generación de una tienda situada en la calle de la Bolsa, a pocos metros de la Plaza Mayor.

Con la preocupación de que el negocio familiar pudiera desaparecer, Arturo pensó en Marta Arquero y Cristóbal Benavente, responsables de Sales de Plata. Ambos, todavía en la treintena, habían abierto su tienda hace aproximadamente una década en el cercano barrio de Las Letras y conocían la trayectoria de Casa Pibe. "Le gustaba mucho lo que estábamos haciendo y a nosotros nos pareció muy bonito seguir con su negocio familiar", explica Arquero a EFE.

El relevo se hizo efectivo el pasado enero y desde entonces la prioridad ha sido clara: mantener la actividad fotográfica de Casa Pibe y conservar la esencia del establecimiento. Los antiguos carteles y mostradores continúan en su lugar, al igual que las cámaras, los talleres y las exposiciones que forman parte de la historia del negocio.

La intención no es convertir el establecimiento en una pieza de museo, sino todo lo contrario. Casa Pibe seguirá funcionando como una tienda abierta al público, adaptándose a las nuevas necesidades sin eliminar las huellas que dejaron las tres generaciones anteriores.

Una de las transformaciones se está produciendo en la planta superior. Durante años fue utilizada como almacén, pero ahora sus responsables están acondicionándola para organizar cursos relacionados con la fotografía.

El cambio de propietarios representa así algo más que una operación empresarial. Casa Pibe afronta su camino hacia los cien años como un comercio especializado que mantiene su actividad en el corazón de Madrid, mientras una nueva generación vuelve a interesarse por una forma de hacer fotografías que parecía condenada a desaparecer.

Hacer menos fotografías vuelve a tener sentido

Hacer una fotografía nunca había sido tan sencillo. Basta con sacar el móvil, apuntar y disparar. Si el resultado no convence, se borra y se vuelve a intentar. Y cuando ni siquiera eso es suficiente, la inteligencia artificial permite modificar prácticamente cualquier detalle.

Quizá por eso, en una época marcada por la abundancia de imágenes, cada vez más jóvenes están recuperando precisamente lo contrario: una cámara que obliga a pensar antes de disparar. "Ey, detente, hazme una foto con tiempo, con calma", resume Arquero al explicar el renovado interés por la fotografía analógica, una tendencia que, en su opinión, hace tiempo que dejó de ser una simple moda.

El atractivo está, en buena medida, en que el carrete obliga a aceptar sus propias limitaciones. "Solo tienes una oportunidad" resume una filosofía completamente diferente a la de la fotografía digital, en la que se pueden realizar decenas de imágenes de una misma escena y corregir los errores prácticamente hasta el infinito.

Arquero considera que este fenómeno no puede explicarse únicamente mediante la nostalgia. Buena parte de quienes están recuperando el carrete son jóvenes que, por edad, ni siquiera vivieron la época en la que la fotografía analógica era la forma habitual de hacer fotografías. "Se habla mucho de la nostalgia, pero hay gente de veintipocos años disparando en carrete cuya nostalgia no puede ser porque nunca llegaron a vivirlo", señala.

El regreso de la fotografía analógica también se aprecia en las calles de Madrid. Aunque la oferta de este tipo de establecimientos es hoy mucho menor que hace dos décadas, cuando, según recuerda Arquero, había alrededor de siete tiendas especializadas en el centro, nuevos negocios como La Peliculera o Miyagi Studio conviven con comercios con más trayectoria, como Fotocasión.

Incluso algunas cámaras que durante años permanecieron olvidadas en cajones familiares han vuelto a adquirir valor. Es el caso de la Olympus MJU, una compacta que durante años fue un regalo habitual en las comuniones y que actualmente puede alcanzar precios cercanos a los 300 euros. "Nos ha llegado alguien que la quiere vender en su caja original de El Corte Inglés, con la etiqueta del precio en pesetas", recuerda Arquero.

En Sales de Plata llevan años respondiendo a la misma pregunta: ¿es pasajero el regreso del carrete?

Después de siete años escuchándola, la respuesta de Arquero parece cada vez más clara. "Si después de siete años nos siguen preguntando si es una moda, se puede pensar que no, que esto ya está completamente establecido", concluye.

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