Urge la regeneración

En la insufrible situación tóxica en la que estamos, Sánchez no tiene más remedio que irse, convocar elecciones y asumir que la ponzoña le ahoga

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Urge la regeneración
Zapatero atiende a los medios. Agencia Ical.
El autor esEnrique De Santiago
Enrique De Santiago
Lectura estimada: 4 min.
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Ayer fue el PP; hoy, el PSOE; mañana, quién sabe. Pero lo cierto, hasta la fecha, es que el ejercicio del poder tiende a corromperse cuando no existen mecanismos eficaces de control, y que esa degradación se produce con independencia de que, periódicamente, se invoque ante los ciudadanos la idea de regeneración

Vivimos un 15-M en el que la sociedad reclamaba regeneración, y pronto ese movimiento se utilizó para crear un partido de extrema izquierda que ha demostrado que, de regenerar, nada; más allá de sus propias cuentas y viviendas.

El PSOE llegó a la corrupción y al asesinato de Estado. Llegó el PP con la bandera de regenerar y nos sacó de una crisis económica, pero no regenero y se sumió en la corrupción.

De formas más que sospechosas alcanzó el poder el PSOE con Zapatero, que nos devolvió a la crisis económica y recuperó las dos Españas, la división y la crispación que 'nos interesa', y que tampoco hizo nada por la regeneración, aunque parece ahora que sí regeneró su casa y su peculio.

Nuevamente alcanzó el poder el PP, con la mayoría más importante que se ha tenido hasta el momento, pero no hizo nada por recuperar la unidad nacional y acabar con las dos Españas de ZP, ni por la regeneración, ni por otra cosa que no fuera mantenerse en el poder, que perdió por la corrupción pasada y por una chapucera actuación de algunos que se creyeron Mortadelo y Filemón en la TIA.

Ahora ha llegado al poder Pedro Sánchez, que viene de los prostíbulos de su suegro, de las corrupciones de sus compañeros de viaje y con la cara más dura que el cemento armado; con un hermano que no sabe ni dónde tiene el despacho y una esposa que utiliza la Moncloa para hacer negocios personales. Y ahora parece que ZP tenía montado un entramado corrupto internacional que le servía a Sánchez para determinados posicionamientos.

Se alcancen o no las pruebas que permitan la condena de unos y otros, lo cierto es que el olor a basura, la indecencia moral, la falta de pudor, de vergüenza y de dignidad resulta ya insoportable para los "perritos sin alma", que luchan por vivir tranquilos y no pueden dejar a sus hijos un futuro en paz, ni alcanzar ellos mismos un final de sus días sereno, por culpa de unos y otros.

No se trata de acabar con el Gobierno de Sánchez -que no debió permitirse con las alianzas con asesinos y separatistas rupturistas del Estado y que debió haberse liquidado hace tiempo-, ni de creer en Feijoo, Santiago o cualquiera otro. Se trata de devolver a la política lo que nunca debió dejar de ser: un servicio. Se trata de devolver a la democracia el máximo de elementos de control del poder que se puedan generar y que permitan que, de forma efectiva, el ciudadano pueda someter al poder al escrutinio público más allá de una votación cada cierto tiempo. Se trata de establecer leyes contra la corrupción, de responsabilidad política, que impidan tener que judicializar y criminalizar la corrupción, evitándola antes de llegar a ese punto.

Se trata de devolver la libertad, la democracia, el señorío, la dignidad y la unidad a un futuro común de la Transición, superando las enemistades para recuperar la disidencia, la discrepancia y la diferente forma de ver las cosas con respeto, considerando al adversario una persona con una percepción distinta, pero no un enemigo fascista o comunista, sino alguien que vive en el error y a quien hay que hacer ver otra verdad mediante el convencimiento, el diálogo y la conversación perdida, el consenso.

Con los políticos que tenemos ¿serán capaces de implementar esos modelos de control? De verdad, ¿lucharan contra la corrupción que pueda correr por las venas de sus partidos? ¿serán capaces de superar sus dogmáticas posiciones para buscar formas de solución de los problemas?

Es evidente que, en la insufrible situación tóxica en la que estamos, Sánchez no tiene más remedio que irse, convocar elecciones y asumir que la ponzoña le ahoga y que su paso por la historia no será precisamente para recordar.

El PSOE debe, como debió hacerlo en su día el PP, someterse a un proceso de transformación, cambio y regeneración. Pero, cuidado: si PP o VOX gobiernan, lo primero que deben hacer, más allá de soflamas divisorias como la -prioridad nacional- o soberbias de victorias pequeñas, es establecer una agenda urgente de regeneración, transparencia y control del poder que evite o, al menos, reduzca en gran medida la corrupción y fortalezca la democracia española, que se ha ido degradando paulatinamente por el paso del tiempo sin actuaciones y por la acción de unos y otros en pos de sus propios intereses, olvidando que son servidores públicos y deben estar al servicio del público.

Una nueva ley del CGPJ y del TC debe devolver a los jueces una composición con intervención de los operadores de la Justicia y exenta de intervención política y, por tanto, independiente de las presiones de estos. También es necesaria la recuperación de modelos de control despolitizado de las instituciones del Estado y el control previo de constitucionalidad de las leyes. Deben fortalecerse las comisiones de control parlamentario. Y debe publicarse una ley de responsabilidad política que, al margen o con carácter previo al Código Penal, ordene la forma de responder por la acción política defectuosa en perjuicio de los ciudadanos, por la falta de medidas de prevención o de actuación, o por actos que faciliten conductas inapropiadas del servidor público.

Una moción de censura, si Sánchez no asume su responsabilidad, no debe circunscribirse a un mero cambio de figura, sino a la asunción, por parte de todos, y de forma urgente, de medidas básicas de regeneración y del sometimiento inmediato al escrutinio de los ciudadanos.

 

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