Renaceres

La política debe dejar de ser un estigma para quien llega a ella con valía y experiencia y volver a ser mérito de quien ya demostró su capacidad en la vida privada

imagen
Renaceres
Congreso de los Diputados. (Foto archivo)
El autor esEnrique De Santiago
Enrique De Santiago
Lectura estimada: 4 min.
Última actualización: 

Cuando comenzamos la construcción de VOX, lo hacíamos sin aspiración alguna de cargo público, aportando dinero, tiempo, esfuerzo, trabajo y sobre todo mucha ilusión por cambiar las cosas. Soportamos la mofa, burla y el abandono de muchos a quienes pedimos ayuda y nos dieron la espalda; hoy, sin embargo, los vemos dentro del partido criticando nuestra labor o desdeñando nuestra figura, eso sí, 'pillando cacho'.

En mi único mitin definí a VOX como un grupo de locos, por tener principios e ideales; pequeño, por ser cuatro micos; y paracaidistas, por estar formado por personas que acudían a la política con la voluntad de demostrar que se podían hacer las cosas de otro modo y regresar, después, a su posición de partida. Ojalá no hubiera dejado de ser eso.

Algunos manifestamos nuestra voluntad de dirigir la construcción durante 2 años y ceder después el testigo a otros; así lo hicimos. Coherentemente, cuando se inició una deriva hacia la 'extrema', dimos un paso atrás en silencio, sin ruido ni estridencia. Más tarde, al comprobar que el proyecto era conducido por personas con demasiadas máculas, en el seno interno, lo denunciamos y ofrecimos el volver a asumir la dirección del partido, con el compromiso escrito de no concurrir a cargo público alguno. Ni siquiera obtuvimos respuesta.

La historia demuestra que se suele preferir a personas con pasados manchados, porque son más fáciles de someter al criterio de quienes dirigen o de quienes ansían ocupar un cargo. A estos últimos, la ambición los delata: pasa de partido en partido en busca de colocación, que es, con frecuencia, su única intención verdadera.

La política se ha convertido en un piélago en el que muchos buscan su lucro. Por eso resulta imprescindible una oxigenación que devuelva la limpieza y, sobre todo, el servicio como fundamento de la actividad política. La política debe dejar de ser un estigma para quien llega a ella con valía y experiencia y volver a ser mérito de quien ya demostró su capacidad en la vida privada. Debe recuperar su sentido más alto: el de una tarea reservada a los mejores, y no el de un refugio para quienes buscan llenar sus faltriqueras ayunas de valor.

Ese modelo de oxigenación no la lidera un PSOE atrapado por una cúpula corrupta, chulesca, sin otro criterio que la permanencia personal, prostituida desde sus inicios. No lo hace el PP en el que unos barones, carentes de pasado profesional y habituados a la mesa política, mantienen secuestrado a Feijoo, incapaz de trazar un rumbo claro. Y tampoco lo hará un VOX que abandonó la ilusión de construir una democracia real para recrearse, en una pantomima insulsa, en una Falange que no existió más que en la mente y el corazón de su creador, y que el tiempo y la historia han dejado atrás.

Existen, no obstante, movimientos de reconstrucción de VOX, del PP y de una confluencia unitaria de centro derecha, sólida, solvente, capaz de recomponer los controles democráticos y fortalecerlos para que el poder sea adecuadamente controlado y fiscalizado; de devolver a los Tribunales de Justicia una independencia perdida; de reducir el Estado a las necesidades reales de los ciudadanos, que puedan alardear de tener una administración a su servicio, constituida desde la valía, la igualdad, el mérito y la capacidad reales; y de hacer que  la política sea ejercida por una aristocracia, entendida esta no como casta, sino como los más preparados, los más éticos y los más valiosos, llamados a servir temporalmente a su sociedad. Pero esos movimientos sufrirán la embestida de propios y extraños: unos por querer pillar cacho, otros por no perder el cacho, y otros para miedo. Unos y otros buscarán su eliminación o su degradación.

Se necesita una reunifiación de la derecha sometida a valores y principios que ofrecer al votante, y no a maximalismo que nos alejan de los intereses de los ciudadanos, que deben de prevalecer en todo caso. El político debe de dar soluciones a los problemas del pueblo y no generar problemas a quien debe de servir.

Con el fin de comenzar con buen pie, yo aconsejaría que los que quienes se incorporen al proyecto firmen un compromiso con los valores y principios de la formación y una renuncia a detentar cargo público alguno si no superan unos determinados niveles de servicio o profesionalidad acreditada y si no son elegidos libremente por los miembros del partido; que la designación de los candidatos no dependa del tiempo que llevan en la formación ni de las 'obligaciones' adquiridas por su actividad interna; y que quienes se presente a cargo público dejen firmada la renuncia al mismo en caso de discrepancia o actuación al margen de los líneas y principios del partido, pues el cargo se obtiene por la pertenencia al proyecto y no debe convertirse en algo personal.

Si esa panda de locos, pequeños, paracaidistas se ponen en marcha, muchos los veremos con ilusión y esperaremos que cumplan su misión alcanzando sus objetivos. Si lo hacen les deseo mucha suerte, los 'perritos sin alma' lo reclamamos, y sean capaces de desdeñar a los que se acerquen con aviesas u oscuras intenciones.

 

 

0 Comentarios

* Los comentarios sin iniciar sesión estarán a la espera de aprobación
Mobile App
X

Descarga la app de Grupo Tribuna

y estarás más cerca de toda nuestra actualidad.

Mobile App