Menudo Panorama

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Por Pedro Santa Brígida

Segunda estrella para españoles sin complejos


El uno por ciento de ZP y las continuas falsedades del rescate de la empresa venezolana Plus Ultra merecen, más que un blog, todo un máster sobre la corrupción descarada y, a la vez, silenciada que nos rodea. Sin embargo, este último comentario público en Tribuna Grupo antes de las vacaciones veraniegas prefiero dedicárselo a la segunda estrella ganada con esfuerzo, dedicación, sacrificio, trabajo en equipo, ambición e inteligencia a la selección española de fútbol. El Mundial de EEUU, México y Canadá nos ha vuelto a traer momentos de euforia colectiva, buen rollo y algo de felicidad momentánea.

Hasta los menos asiduos al ambiente futbolero nacional han estado a la altura, sumándose en multitud de casos a los partidos y, claro, a la fiesta. Incluso los más radicales en esto de la ideología han sido derrotados por el apabullante significado del éxito logrado por la pandilla del riojano Luis de la Fuente. Vaya manera de competir. La Roja ha ganado con uno de los más viejos principios del balompié: La mejor manera de defender es teniendo la pelota. Los 26 jugadores, el cuerpo técnico al completo, la Federación en su conjunto, se han lucido y nos han hecho disfrutar como hace 16 años en Sudáfrica.

El torneo, con récord absoluto de audiencias en TVE y DAZN, el paseo triunfal por Madrid, con dos millones de ciudadanos levitando en directo (y más millones por televisión) durante todo el recorrido, y la divertida fiesta final en la Plaza de Cibeles han demostrado una vez más que la identidad colectiva de este país está viva, a pesar de los pesares. El entrenador de la selección ha ejercido de pegamento nacional: "Unidos somos más fuertes. Viva España". La bandera patria, esa que tanto repelús sigue generando a tantos, volvió a ondearse por millones de mayores, jóvenes y niños sin complejos.

Ni tanta minoría agraviada ni la matraca nacionalista de turno ni el exceso de propaganda oscura y negativa sobre la nación española puede con el personal. Vivimos en un país generoso (ahí está la estadística mundial de donación de órganos) y los ciudadanos de a pié están muy por encima de su clase dirigente. Somos diversos, evidentemente, y estamos orgullosos de sentirnos españoles, de reír o llorar por los éxitos y las tragedias que de cuando en cuando nos tocan. Esta vez salió cara. Y vaya si lo hemos celebrado, como sabemos celebrarlo por aquí.

El grupo de Luis de la Fuente, que ejerce de tipo normal y corriente, es un ejemplo a seguir. Sería excelente para todos los españoles que la experiencia durara, al menos, un rato, el tiempo suficiente para darnos cuenta de que hay más cosas que nos unen que las que nos separan. No será así y sin darnos cuenta estaremos de nuevo en la polarización, en la discusión, en el cuento de los buenos y los malos, en la acción política más vulgar e irracional. Y es que hay mucha peña que vive del cuento (de la narración). Y de la sopa boba.

El incontestable éxito de la selección ni siquiera ha sido embarrado por las agresiones a algunos jugadores españoles al término del partido. El tal Paredes, el matón oficial del equipo argentino, merece una sanción, que seguramente se quedará en casi nada porque la FIFA y su presidente son lo que son. Tampoco deja en buen lugar a la selección albiceleste dar la espalda a los campeones, salvo alguna excepción, cuando estaban recibiendo la Copa. Hay que aprender a perder, así es el juego y así es la vida.

Orgulloso de la selección nacional por el éxito cosechado. Feliz por haber disfrutado durante más de un mes como un niño con unos simples partidos de fútbol, me aparto unas semanas para vaguear y dejar de dar la turra con mis cuitas. Enhorabuena a los millones de españoles que nos hemos sumado al equipo para traer esta Copa del Mundo y la segunda estrella en el escudo. Enhorabuena al fútbol. Como reza algún eslogan publicitario: "Gracias por cumplir el sueño de todos". Feliz verano.